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TON meets Sarah Davachi | 2024 | At Kunst-Station Sankt Peter Köln

Drone | Electroacoustic
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Matthias Muche (trombón), Constantin Herzog (contrabajo), Etienne Nillesen (caja) y Sarah Davachi (órgano).
At Kunst-Station Sankt Peter Köln es el registro de una colaboración en vivo entre el trío alemán TON y la compositora canadiense Sarah Davachi que tuvo lugar a mediados de 2023 en Colonia. Aunque el componente colaborativo es, sin duda, esencial en este trabajo, lo cierto es que su sonido se aproxima más al drone minimalista propio del catálogo de Davachi que la improvisación electroacústica de los alemanes. En este sentido, es meritorio destacar el modo en que el trío integrado por Matthias Muche, Constantin Herzog y Etienne Nillesen prestó su genial capacidad instrumental para que el hermoso lenguaje sonoro de Davachi tuviera la centralidad aquí. Gracias a ello, la única pieza que compone el álbum va tomando forma de la mano de un trabajo instrumental sutil pero resuelto, en que convergen a la perfección las puntadas resonantes de todos los participantes. Así, de forma imperceptible, TON y Davachi erigen un verdadero monolito sonoro, cuyas atmósferas envolventes e hipnóticas deambulan entre distintos paisajes sin soltar al oyente ni por un instante. La afinidad sónica del cuarteto resulta evidente en todo punto, especialmente cuando, ya finalizando el álbum, su conjunción instrumental alcanza ribetes apoteósicos, etéreos. Sin embargo, abandonando cualquier pretensión grandilocuente, hacia el final de la pieza bajan las armas y le ceden el cierre a un drone narcótico que nos lleva, sin melosidad, de vuelta al silencio. Uno de los mejores álbumes de 2024. -IMF

Sarah Davachi | 2023 | Long Gradus

Drone | Chamber Music
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Alissa Cheung (violín), Clemens Merkel (violín), Stéphanie Bozzini (viola), Isabelle Bozzini (cello), Rebecca Lane (flauta y flauta bajo), Samara Dunscombe (clarinete y clarinete bajo), Mattie Barbier (trombón alto), Weston Olencki (trombón tenor), Sarah Davachi (órgano y osciladores de ondas sinusoidales) y Judith Berkson (mezzo-soprano)
Con 4 horas y media de duración, Long Gradus se yergue como el álbum más extenso de la discografía de Sarah Davachi y, más allá de eso, como un verdadero monolito sonoro por su propio peso. El disco consiste en cuatro interpretaciones distintas de la obra que le da su título, compuesta por la artista canadiense inicialmente para cuarteto de cuerdas, pero luego arreglada para cualquier tipo de instrumentos. Así, la primera iteración de la pieza se corresponde con la concepción inicial de Davachi, es decir, cuarteto de cuerdas, la segunda iteración es en vientos de madera, la tercera en bronces y órgano, y la cuarta en coro e instrumentos electrónicos.
En términos compositivos, Long Gradus no dista mucho de los maravillosos trabajos previos de Davachi, presentando un drone atmosférico y repetitivo que abraza al oyente en su calma y riqueza sobretonal, de construcción pausada y espíritu minimalista. Quizá la novedad —aunque no exclusiva de este álbum— sea el delicado trabajo microtonal que aquí se presenta, muy en línea con la investigación musicológica que Davachi ha llevado a cabo en torno al uso de distintos temperamentos en la música docta.
A eso se suma la posibilidad de oír las composiciones de Davachi en distintos arreglos instrumentales, teniendo en cuenta que la artista suele ceñirse a los instrumentos de teclas. De ahí que, lejos de ser un punto en contra, el hecho de poder escuchar estas cuatro versiones de la misma pieza reviste un atractivo genuino en Long Gradus. Cada iteración enriquece la pieza desde lo que cada configuración instrumental puede ofrecer: el brillo prístino del cuarteto de cuerdas, la calidez orgánica y acogedora de los vientos de madera, los graves conmovedores de los bronces y el órgano (me recuerda al hermoso For Organ and Brass, de la sueca Ellen Arkbro), la intimidad sobrecogedora de la voz y las ondas sinusoidales.
Long Gradus es un disco en cuya profunda belleza no hay más que perderse. Otro punto alto en la discografía de Sarah Davachi. -IMF

William Basinski | 2017 | A Shadow in Time

Ambient | Drone | Tape Music
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Enlace | mp3 CBR | 320 Kbps
A Shadow in Time constituye el retorno de William Basinski tras un 2016 inusualmente calmo para el músico estadounidense, considerando que 2015 vio el lanzamiento de una triada de álbumes de estudio: Cascade, The Deluge y Divertissement (su tercera colaboración con Richard Chartier). Y el embate es colosal: se trata, sin lugar a dudas, del mejor trabajo de Basinski desde  Variations for Piano and Tape (2006) y se sitúa sin dificultad, por tanto, a la altura de sus Disintegration Loops (2002-2003).
El álbum está constituido por dos canciones. La primera, "For David Robert Jones" (como su nombre lo indica, un homenaje a David Bowie), se vale de la fórmula más habitual de la obra de Basinski, interviniendo sobre la marcha un loop de composición delicada y entramada con elementos mínimos, pero que como de costumbre –esta es una de las marcas registradas del norteamericano– deslumbra por su belleza y su monumentalidad catártica. Esta primera mitad se localiza, así, en el terreno más visitado por Basinski en sus casi dos décadas de discografía, destacando como una de las piezas más sublimes dentro de esta notable trayectoria.
En contraste, en "A Shadow in Time", la segunda parte del disco al que le da el nombre, Basinski se aboca sin miedo a explorar el campo del drone, adoptando un enfoque más experimental y libre que en la canción precedente. En cualquier caso, no se trata de una veta inédita en su trabajo; por ejemplo, Nocturnes (2015) ya había dado luces de esta ruta. No obstante lo anterior, es claro que "A Shadow in Time" se alza como el punto cúlmine, la maduración perfecta de este espíritu exploratorio. Sin perder la delicadeza y la profundidad atmosférica de la primera mitad del álbum, constituye una pieza de melodicidad nebulosa y emotividad fulgurante, complementando a la perfección el carácter más melancólico de "For David Robert Jones".
La sensibilidad sonora y el esplendor inconmensurable de A Shadow in Time lo posicionan no sólo como uno de los mejores trabajos de William Basinski –una vara muy alta, por cierto–, sino también como el mejor álbum de 2017 a la fecha. -IMF

Brian Eno | 1985 | Thursday Afternoon

Ambient | Minimalism
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 Enlace | mp3 | 320 Kbps

No es muy distinto lo que se puede decir de Thursday Afternoon que de cualquier otro de los discos ambientales de Brian Eno. De alguna manera, se trata de un álbum que está a medio camino entre el ambient más estructurado de Ambient 1: Music for Airports y la aproximación más deconstructiva y exploratoria que el inglés adoptó en el más reciente Lux. En ese sentido, Neroli constituye una buena referencia cercana, aunque Thursday Afternoon apela a atmósferas mucho más calmas y pacíficas que la tensión que impera en esa placa.
Con una sola pista homónima de poco más de una hora, el sonido de Thursday Afternoon es a la vez relajante y ensoñador, y goza de una delicadeza de incomparable belleza en su fragilidad. Cada pincelada sónica es simple y hasta tímida, pero siempre concienzuda; cada pincelada contribuye al desarrollo de paisajes sonoros coloridos, pero nunca destellantes, sino sutiles y nebulosos. En suma, Thursday Afternoon es una de las joyas escondidas dentro del vasto catálogo de Eno, una placa cuyo relego en la discografía del legendario músico británico parecerá desconcertante para cualquiera que emprenda la bellísima travesía introspectiva frente a la que aquí nos hallamos. -IMF

Stars of the Lid | 2001 | The Tired Sounds of Stars of the Lid

Ambient | Drone
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Enlace | mp3 | 192 Kbps

Adam Wiltzie, Brian McBride, Craig McCaffrey, Pieter De Wagter, Sarah Nelson, Mr. Kranky, Luke Savisky y Jon McCafferty
The Tired Sounds of Stars of the Lid es un apacible viaje etéreo, constituido de atmósferas ambientales y oníricas que sumergen al oyente en un cálido aire instrospectivo. En su construcción sónica no se vale de alardes compositivos ni mucho aparataje; por el contrario, la banda apunta a restar, a un minimalismo impoluto dirigido a la belleza de los paisajes sonoros, y no a una teatralidad artificial. Es un idioma simplísimo, pero que en su sensibilidad y delicada solemnidad logra que The Tired Sounds of Stars of the Lid consiga a la perfección ese ideal de belleza tan prístino y honesto.
Como leí en una reseña ajena: "Finalmente he descubierto de lo que se trata la vida... y es como esto, como soñar sin tener que dormir". Tal vez esa sea la mejor forma de definirlo. -IMF