Mostrando entradas con la etiqueta Punk. Mostrar todas las entradas
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Traidora | 2023 | Un cuerpo trans lleno de odio

D-Beat
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Un cuerpo trans lleno de odio es el EP debut de Traidora, proyecto solista de Eva A, música chilena nacida en Venezuela y actualmente radicada en Londres, Inglaterra. Musicalmente, este nuevo material marca una distancia clara con respecto a To a Ghost Town, el disco solista que había publicado bajo el nombre Eva Leblanc en 2021, en una veta próxima al post-rock, y tiende más bien a acercarse a las raíces hardcore punk de sus proyectos en Chile y sobre todo de Ättestor, la banda inglesa que integró por un tiempo. Sin embargo, Un cuerpo trans lleno de odio va incluso más allá, con un sonido pesado, ruidoso y crudo a más no poder, que bebe directamente del d-beat, pero sin caer en la recreación insípida de Discharge en que se hunde probablemente la mayor parte de los proyectos en esta senda. Además de una calidad compositiva que destaca desde el primer instante, el EP nutre su espíritu d-beat con texturas abrasivas que lo vuelven muchísimo más combativo y denso, dándole a su sonido una vitalidad y frescura que también saltan a la luz con toda claridad.
A esto último también contribuyen las letras, oscuras, rabiosas, depresivas y a ratos crípticas, cuyo carácter casi telegráfico —un clásico del d-beat— consigue hilvanar con precisión quirúrgica un relato central en torno al eje temático de la corporalidad trans, que en alguna medida atraviesa el EP. Además, la construcción melódica —si cabe la expresión— de las voces logra, como lo mejor el hardcore, constituir verdaderos himnos, con coros memorables ("Tengo un cuchillo entre mis piernas / y un alma ardiente", "El miedo, los ruidos, la calle, el llanto / desolación / y me preguntas qué vamos a hacer") y estructuras repetitivas que sólo refuerzan ese efecto.
Un cuerpo trans lleno de odio no sólo es un excelente EP y uno de los mejores lanzamientos de 2023 que he escuchado, sino también la revitalización tan urgente de un género que cae con demasiada frecuencia en la mímica inerte y la franca caricatura. -IMF 

Minor Threat | 2023 | Out of Step Outtakes

Hardcore Punk
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Ian MacKaye (voz), Lyle Preslar (guitarra), Brian Baker (guitarra), Steve Hansgen (bajo) y Jeff Nelson (batería)
El prolijo trabajo de Ian MacKaye como archivista siempre da gratas sorpresas. En esta ocasión, el turno es de Minor Threat, sin duda una de las bandas de hardcore punk más influyentes que hayan salido de la escena estadounidense. Como su nombre lo indica, Out of Step Outtakes reúne registros hasta ahora inéditos de la sesión de grabación del EP Out of Step (1983). En particular, se trata de las canciones "In My Eyes" (cuya versión original había sido publicada en el EP In My Eyes, de 1981), "Filler" (que también cuenta con una primera versión, que abre el EP Minor Threat, de 1981) y "Addams Family" (una canción que no había visto la luz de forma íntegra, pero que se utilizó parcialmente como una especie de outro de Out of Step).
Más allá de escuchar nuevas versiones de canciones clásicas de la banda y una canción del todo inédita, la novedad aquí reside en el hecho de que, a diferencia de sus encarnaciones originales, estas versiones hasta ahora desconocidas de "In My Eyes" y "Filler" cuentan con la formación de la banda como quinteto. Luego de la publicación de In My Eyes en diciembre de 1981, Minor Threat se disolvió temporalmente, para reunirse unos meses después con una nueva alineación. La banda sumó al bajista Steve Hansgen, y Brian Baker, quien era el encargado del bajo hasta ese momento, pasó a la guitarra. La formación la completaban Ian MacKaye en voz, Lyle Preslar en guitarra y Jeff Nelson en batería. Fue esta nueva encarnación —ahora con dos guitarras— la que entró al estudio en enero de 1983 para grabar Out of Step, un EP que marcó el tránsito a un sonido más eso y decidido, que no dejaba títere con cabeza.
Esa evolución queda plenamente cristalizada en las tres canciones que componen Out of Step Outtakes. Minor Threat suenan aquí afiatados como nunca; conforman una maquinaria aceitada en que es evidente el efecto de la nueva formación, con las dos guitarras atronando afiladísimas y dotando a la banda de un sonido más completo, tal como ya había dado cuenta Out of Step. Este nuevo EP, aunque breve y tan vez sin mucho atractivo para nuevos oyentes, viene a confirmar el legado incontestable de Minor Threat y su prominencia en la historia del punk. Para quienes sabemos de esa trascendencia, el material inédito de la banda siempre será bienvenido. -IMF

The Damned | 2023 | Darkadelic

Post-Punk | Gothic | Punk Rock
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David Vanian (voz), Captain Sensible (guitarra y voz), Paul Gray (bajo), Monty Oxymoron (teclados) y William Granville-Taylor (batería)
Darkadelic es el nuevo álbum de estudio de la legendaria banda inglesa The Damned. El disco marca el primer registro del conjunto con el nuevo baterista Will Taylor, reemplazando a Andrew "Pinch" Pinching (también baterista de los excelentes English Dogs), quien dejó la banda a fines de 2019. Es también el segundo disco de The Damned luego del retorno del bajista Paul Gray, quien ha sido parte de su alineación en varias ocasiones desde 1980. A esa sección rítmica se suman los ya habituales Dave Vanian en voces y Captain Sensible en la guitarra, quienes han sido el corazón del grupo desde su fundación en 1976.
Pero ciertamente no ha sido sólo la formación de The Damned lo que ha cambiado desde los días en que la banda publicó sus discos más insignes, como Damned Damned Damned (1977) o Machine Gun Etiquette (1979), sino también su sonido. Si por esos días The Damned era parte indiscutible de la escena punk comandada por paladines como los Sex Pistols o The Clash, con un sonido que, lejos de buscar la innovación, reflejaba sin vacilación el sendero que habían trazado ambas bandas, esta nueva etapa del cuarteto está marcada por una mayor experimentación, lo que ha librado a la banda de la carga de la monotonía o, peor aún, de la caricatura. En el caso de Darkadelic, el resultado es sumamente positivo, adobando el espíritu punk originario del grupo con elementos indiscutibles de post-punk y gothic rock, algo de hard rock e incluso ciertos tintes de rock psicodélico.
Más allá de esos aspectos estéticos, lo que destaca aquí es la calidad creativa que han materializado en el álbum Varian, Captain Sensible y Gray, quienes se hicieron cargo del trabajo compositivo en este caso. Además de una variedad sónica sobresaliente, con una sensibilidad melódica que da cuenta de la nutrida trayectoria y experiencia de la banda, el trabajo lírico es otro punto a favor, conformando un verdadero himnario. Tal vez el único punto en contra sea la extensión del disco; doce canciones y 48 minutos no parece excesivo, pero hay un par de canciones que no se echarían de menos y cuya exclusión, por el contrario, ayudaría a dejar un disco más redondo y sin puntos débiles, pues aquí hay canciones que, a mi juicio, están dentro de lo mejor de la discografía de The Damned, pero que se deslucen por el contraste odioso de algunas piezas más genéricas. En cualquier caso, Darkadelic constituye un excelente álbum que, con un sonido más maduro, reviste una prueba clara de que The Damned siguen tan vigentes como siempre. -IMF

The Stooges | 1973 | Raw Power

Garage Rock | Proto-Punk
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Enlace | mp3 | 320 Kbps

Iggy Pop (voz), James Williamson (guitarra), Ron Asheton (bajo y voz de fondo), Scott Asheton (batería) y David Bowie (piano y percusión)
Fun House fue el primer disco de The Stooges que escuché, y le siguió el debut homónimo de la banda. Los dos primeros álbumes del cuarteto me volaron la cabeza, cada uno desde su flanco particular. Sin duda tenía que escuchar el legendario Raw Power.
Sin embargo, no fue lo que esperaba. No lo entendí. Creí que estaba escuchando una versión fallada. ¿Cómo iba a sonar tan mal? Pero le di más oportunidades, aunque seguía sin entender. Hasta que sucedió: de a poco empecé a recordar las canciones. Y empecé a necesitar escucharlas de nuevo, hasta que de pronto ya me sabía todo el disco de memoria. No me aburría de escucharlo una y otra vez. Lo entendí.
Raw Power es, indudablemente, el punto más alto de la discografía de The Stooges, incluso dentro de su trilogía original. La efervescencia desbordante, el ímpetu incontrolable de la banda ya estaba teniendo consecuencias: el bajista David Alexander había sido despedido por su alcoholismo, Iggy Pop lidiaba con su adicción a la heroína y la estabilidad de la banda pendía de un hilo. En medio de la turbulencia de los excesos, el cuarteto ahora conformado por Iggy Pop, el recién ingresado James Williamson, y los hermanos Ron y Scott Asheton logró de alguna manera centrarse en un proceso creativo de la mano de David Bowie en la producción. El resultado fue Raw Power, fiel reflejo de esa impudicia callejera, ese descontrol liberador y desenfreno temerario en que se sumían los oriundos de Ann Arbor.
El álbum tiene un sonido sucio, mugriento, bruto, sin contemplaciones por el cuidado; y es precisamente eso lo que permite plasmar sin filtro ese espíritu sin igual de los Stooges, ese sonido que la banda construye como si no hubiera mañana, como si la vida se jugara en esa música. Un Iggy Pop sencillamente poseído (es fácil no reconocerlo en una primera escucha) se apoya en una instrumentación tan sólida como en los álbumes previos, pero en que se hace evidente la incorporación de Williamson en la guitarra y el paso de Ron Asheton al bajo, lo que le dio al sonido de la banda un giro quizá menos psicodélico, pero no menos poderoso, sobre todo si se agrega a la receta la batería de Scott Asheton, que –aunque baja en la mezcla– le da una intensidad descollante a Raw Power.
Y cuando se pone todo –sangre, sudor y lágrimas– en la música y se tiene, además, el talento incomparable que el cuarteto ya había manifestado en The Stooges y Fun House, el resultado no puede ser sino una obra maestra. Raw Power no tiene puntos bajos y sólo crece con cada escucha. Y sin duda alguna, es a la vez imagen de una energía creativa voluptuosa y arrebatada, y de una destemplanza, una vehemencia rabiosa que, tristemente, no terminó bien en su frenesí. The Stooges se disolvieron, dejando atrás tres piezas claves de la historia del rock. -IMF

The Clash | 1979 | London Calling

Punk Rock | Reggae
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Enlace | mp3 | 320 Kbps

Joe Strummer (voz, voz de fondo, guitarra y piano), Mick Jones (guitarra, piano, armónica, voz y voz de fondo), Paul Simonon (bajo, voz de fondo, y voz en "The Guns of Brixton"), Topper Headon (batería y percusión), Baker Glare (silbidos), Micky Gallagher (órgano) y The Irish Horns (bronces)
En alguna entrevista perdida se le preguntó a John Lydon sobre The Clash. Su respuesta: la banda liderada por Joe Strummer no tenía nada especial y le debía su sonido a los Sex Pistols. Yo le tengo mucho aprecio al buen Johnny Rotten –PiL es una de mis bandas favoritas–, pero es imposible estar de acuerdo con él en eso. Si bien el debut homónimo de The Clash sí mostraba una cierta convergencia sónica con Never Mind the Bollocks (aunque cabe tener presente que, de hecho, The Clash fue publicado un semestre antes que la ópera prima de los Pistols), la divergencia que se evidencia en London Calling da cuenta de que el sonido de la banda de Strummer tenía otros orígenes, venía de otro lado.
London Calling prácticamente no es un álbum de punk rock; trasciende al género. Es rock, sí, pero también es reggae, también es ska y también es new wave, todo con una actitud que obviando decididamente la estética anarquista del punk (otro indicio de divergencia con respecto al resto de la escena), asume una postura más bien rockabilly, sin dejar los ribetes políticos de lado. ¿El resultado? Un LP doble (!) de más de una hora de duración que se hace corto, que no cae en fórmulas predecibles y que, por el contrario, brilla por un dinamismo sin igual. Es una obra maestra del punk por hacer lo más punk que se puede hacer: darle la espalda al género y arriesgarse a introducir influencias sin fundamentalismos ni conformismo. Y más aún: por ser un disco plagado de canciones inmortales, un álbum que no flaquea en ningún momento y que goza del oximorón imprescindible: riesgo-identidad. Sin duda, méritos suficientes para su condición de obra maestra. -IMF

Alvaro the Chilean with the Singing Nose | 1977 | Drinkin My Own Sperm

Outsider | Latin | Experimental
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Enlace | mp3 | 320 Kbps

Álvaro Peña (piano, percusión, pinquillo, flauta, bajo, piedras, voz y silbato), Antonio Narvàez (batería, bombo y otros) y Cathy Williams (voz en "Pálido Sol")
Tratar de clasificar de algún modo el debut del legendario Álvaro Peña es una tarea casi ilusa. Pero si fuera de vida o muerte, aventuraría lo siguiente: Drinkin My Own Sperm es lo que resultaría de combinar El Volantín de Los Jaivas, Hi, How Are You de Daniel Johnston y los momentos más experimentales de PiL, aunque esta ciertamente es una referencia que se queda corta. En otro extremo, sería una exageración tratar al álbum como un simple ejercicio de corriente de la consciencia; sería restarle crédito. Es claro que hay un trabajo compositivo detrás de estas siete piezas, particularmente en las geniales melodías de piano de Peña (el trabajo de Antonio Narváez en percusiones también es digno de ser mencionado), pero lo que puede confundir un oyente ingenuo es el hecho de que el resultado final no sea un disco empaquetado, sobre producido o con un abuso de overdubs. Drinkin My Own Sperm suena fresco en cada escucha, incomparablemente honesto, creativo, ecléctico y entretenido; además de tener un cariz melancólico que de alguna forma caracteriza a Chile (como me dijeron por ahí una vez, los chilenos somos "latinos tristes", y creo que no hay mejor definición). Todo se resume en que Drinkin My Own Sperm se trata, sin duda alguna, de uno de los mejores álbumes chilenos jamás grabados. -IMF

The Units | 1980 | Digital Stimulation

Synth | Art Punk
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Enlace | mp3 | 192 Kbps

Scott Ryser (sintetizador y voz), Rachel Webber (sintetizador y voz), Brad Saunders (batería) y Jim Reynolds (vibráfono en "Tight Fit")
Muchas bandas graban un solo disco, se separan y pasan a la posteridad sin pena ni gloria, dejando detrás de sí un legado difícilmente recordable. Tal vez muchos discrepen con esta idea, porque claramente hay excepciones a la regla. Pero hay que tener presente el sesgo a favor de los ganadores, esto es, el hecho de que recordamos sólo a esas bandas legendarias que con un solo trabajo discográfico lograron enmarcar su nombre en la historia de la música, en desmedro de millares de otros proyectos cuyos frutos quedaron relegados al olvido.
Sin embargo, la línea que en este escenario separa los éxitos de los fracasos es más bien difusa. Para muchos, probablemente The Units sea un nombre desconocido. Digital Stimulation, el único larga duración de esta banda californiana, fue editado en vinilo en 1980 y a la fecha no existen re-ediciones (aunque hace un par de semanas se anunció, por fin, una nueva edición). Pero los hechos no se condicen con lo que se escucha en el álbum. The Units fueron pioneros en el synth punk, y no puede haber mejor representante del género que Digital Stimulation.
El sonido de la placa es muy accesible, lo que a primera escucha puede malinterpretarse como un estilo demasiado sencillo y sin profundidad. Pero a medida que uno se va repitiendo el plato, van apareciendo destellos de colores que antes no se notaban, y en su sencillez, el sonido alcanza una emotividad honda que se manifiesta en cada una de las canciones de componen Digital Stimulation. Lo hermoso del disco es que esa profundidad va de la mano de melodías pegajosas que mantenienen vivo el espíritu del álbum en todo momento: un cariz perfecto de melancolía alegre.
Puede que The Units no hayan alcanzado un lugar ilustre en la historia de la música, pero difícilmente alguien que haya pasado por Digital Stimulation, su único larga duración, podría decir que no merecen ese honor. Es un álbum perfecto. -IMF

Discharge | 1982 | Hear Nothing See Nothing Say Nothing

D-Beat | Hardcore | Crust Punk
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Enlace | mp3 | V0

Cal (voz), Bones (guitarra), Rainy (bajo) y Garry Maloney (batería)
Hear Nothing See Nothing Say Nothing es un disco intensísimo. Es un derroche total de energía y rabia, con una velocidad y potencia difícilmente igualables. Discharge no necesitan un gran desarrollo compositivo para lograr canciones que atrapan a la primera escucha, y que más que apuntar al talento técnico en la ejecución, buscan un construir un caos sónico. La batería de Garry Maloney no para, y cada baquetazo es sólido, con decisión, sin cautela, al igual que la guitarra de Bones, que suena afilada en todo momento.
Ahora bien, alguien podría quejarse de la monotonía del sonido, pero la verdad es que la primera escucha puede ser engañosa. Por un lado, claramente el álbum no busca un desarrollo en el margen extensivo, sino que se basa más en la idea de llevar al límite una misma fórmula. Y a eso, por otra parte, hay que sumarle el hecho de que esa fórmula está muy bien desarrollada, y cada pieza, aunque sin escaparse mucho de una línea guía, logra constituirse como una unidad individual, algo que se va descubriendo con cada escucha. Para cerrar, en pocas palabras: intenso, furioso y alienado. -IMF