Electric Wizard | 2014 | Time to Die

Psychedelic | Stoner | Doom Metal
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Jus Oborn (voz, guitarra y bajo), Liz Buckingham (guitarra) y Mark Greening (batería y órgano)
Time to Die significó para Electric Wizard no sólo el (efímero) regreso de Mark Greening a la alineación de la banda, sino también el retorno a su sonido más pesado. En este sentido, recordemos que Witchcult Today y Black Masses habían reflejado una deriva sónica en que el stoner/doom psicodélico de los ingleses, prácticamente una marca registrada de su propiedad, fue suavizado en pos de un sonido más añejo y retro. Time to Die presenta, entonces, la irrupción de una renovada misantropía teñida por densidades psicodélicas e hipnóticas muy en línea con el camino que la banda de Dorset había venido trazando hasta We Live, de 2004.
Sin embargo, a diferencia de sus trabajos previos en esa veta, Time to Die es un álbum menos digerible y que requiere varias escuchas para revelar su valor, lo cual tiene que ver, sin duda, con su cariz eminentemente depresivo. En efecto, si en discos como Dopethrone la misantropía narcótica de Electric Wizard se traducía en un fervor destructivo (ver, por ejemplo, las letras de "Funeralopolis" o "We Hate You"), aquí se manifiesta en impulsos autodestructivos ("I wanna get high before I die, I wanna die...." canta Jus Oborn en "Incense for the Dead", o "I am nothing, I mean nothing" en "I am Nothing") que le exigen al oyente un cierto estado de ánimo para disfrutar verdaderamente el álbum.
Hecha esa salvedad, se trata de una placa poderosa cuyo sonido y trabajo compositivo dan cuenta de un necesario proceso de renovación de la energía de la banda, toda vez que sus últimos esfuerzos de estudio –en particular, el EP Legalise Drugs & Murder, de 2012– reflejaban un agotamiento crítico de la fórmula de los ingleses. Y posiblemente buena parte de esa nueva energía surgió del caos: la partida de Glenn Charman y Simon Poole y el turbulento retorno de Mark Greening. Las fuerzas corrosivas del conflicto en el seno de la banda –Greening se marcharía tras el lanzamiento de Time to Die– de seguro nutrieron el desgarrado proceso creativo detrás de este álbum y lo dotaron de una genialidad que hace más de un lustro no asomaba en Electric Wizard. Y ahora, a ver qué depara el futuro de "la banda más pesada del universo". -IMF

Damien Youth | 1997 | Bride of the Asylum

Folk | Singer-songwriter
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El caso de Damien Youth es curioso. Con una carrera de más de tres décadas y una vasta discografía como registro indeleble del camino recorrido, la escasez de información sobre el músico estadounidense y la poca difusión de su trabajo resultan difíciles de creer, particularmente cuando se toma el peso de su material.
Bride of the Asylum no es sólo una de las verdaderas joyas olvidadas que se hallan entre sus más de veinte álbumes, sino un hito criminalmente subvalorado dentro del espectro de la música subterránea, del que Damien Youth sin duda proviene. Se trata de una placa de folk atemporal, a-histórico, suspendido en el tiempo; un álbum que goza de una universalidad que se sustenta, quizá, en la simpleza de su sonido, por cuanto buena parte de Bride of the Asylum se cimienta en la fórmula creativa más primaria: un hombre y su guitarra. Y aun cuando ese formato sea decorado –siempre con sutileza– echando mano a distintos arreglos, la música de Damien Youth jamás pierde esa trascendencia.
Por otro lado, si musicalmente es posible trazar algunas referencias lejanas, como Leonard Cohen, Nick Drake –en sus momentos de mayor delicadeza– o incluso Syd Barrett –cuando adopta un cariz psicodélico–, es en la calidad lírica de sus composiciones donde Damien Youth alcanza la distinción, lo que involucra a las letras per se, a su interpretación vocal y a las geniales líneas melódicas que urde en cada una de las piezas del álbum. No hay canción en Bride of the Asylum que no brille en esta área.
La genialidad de Bride of the Asylum resplandece en virtud de la honestidad pulcra de la que hace gala y de la genuina pasión que Damien Youth deposita en cada segundo del disco. Ahí se encuentra, verdaderamente, la semilla de un trabajo tan, tan bueno como este. -IMF

Brian Eno | 1985 | Thursday Afternoon

Ambient | Minimalism
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No es muy distinto lo que se puede decir de Thursday Afternoon que de cualquier otro de los discos ambientales de Brian Eno. De alguna manera, se trata de un álbum que está a medio camino entre el ambient más estructurado de Ambient 1: Music for Airports y la aproximación más deconstructiva y exploratoria que el inglés adoptó en el más reciente Lux. En ese sentido, Neroli constituye una buena referencia cercana, aunque Thursday Afternoon apela a atmósferas mucho más calmas y pacíficas que la tensión que impera en esa placa.
Con una sola pista homónima de poco más de una hora, el sonido de Thursday Afternoon es a la vez relajante y ensoñador, y goza de una delicadeza de incomparable belleza en su fragilidad. Cada pincelada sónica es simple y hasta tímida, pero siempre concienzuda; cada pincelada contribuye al desarrollo de paisajes sonoros coloridos, pero nunca destellantes, sino sutiles y nebulosos. En suma, Thursday Afternoon es una de las joyas escondidas dentro del vasto catálogo de Eno, una placa cuyo relego en la discografía del legendario músico británico parecerá desconcertante para cualquiera que emprenda la bellísima travesía introspectiva frente a la que aquí nos hallamos. -IMF

Darkthrone | 2013 | The Underground Resistance

Black | Heavy Metal | Crust Punk
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Nocturno Culto (guitarra, bajo y voz) y Fenriz (batería, voz, y bajo en "The Ones You Left Behind")
Darkthrone fue desde su inicio una banda peculiar dentro de la escena black metalera nórdica. Es preciso recordar que, de hecho, al principio no tocaban black metal, sino death metal, como el excelente Soulside Journey –su álbum debut– deja de manifiesto. La bifurcación llegaría con el clásico A Blaze in the Northern Sky y se extendería hasta Panzerfaust, tras lo cual el dúo emprendería un retorno intermitente al death metal, alternando con álbumes en la veta black metal, no siempre con resultados afortunados. Sardonic Wrath sería el último de esta secuencia, y The Cult is Alive marcaría las primeras pinceladas de una nueva era en la historia de Darkthrone.
En su duodécimo álbum, Fenriz y Nocturno Culto dieron un giro más disruptivo que antes y se aventuraron sin tapujos a introducir elementos de crust punk en su sonido. F.O.A.D. reforzaría la divergencia, agregando una nueva dimensión a la dicotomía black metal/crust punk: heavy metal. Sin embargo, pese a que esta exploración le dio renovada energía al ya poderoso sonido de los noruegos, ni dichos álbumes ni Dark Thrones and Black Flags ni Circle the Wagons  alcanzaron el esplendor de los discos más clásicos de Darkthrone.
En este contexto, la relevancia de The Underground Resistance reside en el hecho de que constituye, precisamente, esa merecida consolidación del nuevo período. No hay dubitación alguna en la abrasión sónica que Darkthrone ejerce en este álbum, algo que, por cierto, no resulta evidente sólo en las canciones más rápidas y agresivas, sino también en una pieza como "Valkyrie", de cariz más bien melancólico. La confianza que han cultivado los noruegos en este nuevo formato se refleja, sobre todo, en el uso ya prominente de voces limpias, que encaja a la perfección con el nuevo sonido que la banda ha estado explorando en la última década. El trabajo compositivo es sólido e instrumentalmente Fenriz y Nocturno Culto ya son hermanos de sangre. Ya no hay cómo clasificar a Darkthrone, que ha conseguido, como ya lo había hecho en la primera década de los noventa, forjar una identidad irrepetible de la que The Underground Resistance es el mejor reflejo posible. Increíble. -IMF

Pabst | 2016 | Skinwalker

Indie | Noise Rock
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Si hay un elemento a destacar de Skinwalker, el EP debut de Pabst, es la atractiva fusión de influencias de la que el trío berlinés es capaz. De una parte, queda de relieve la herencia del indie rock en la veta de Sonic Youth, llegando por momentos al noise rock de unos Dinosaur Jr.; de otra, no es menos evidente que la banda se nutre fuertemente del stoner, cuyo influjo aparece, sin embargo, moldeado por la sensibilidad melódica de la banda, que le debe lo suyo al rock alternativo. En este sentido, la voz de Erik Heise es un factor que resalta en la receta de Pabst, sin desmerecer el trabajo instrumental, que es también muy acertado. Esta ecuación funciona a la perfección particularmente en la canción que le da su título al EP, "Skinwalker", que constituye un single pegajoso y prominente.
No obstante lo anterior, la fórmula de los alemanes adolece de un problema preocupante: se agota rápido, muy rápido. Se trata de un tema crítico, por cuanto estamos refiriéndonos a un EP de tan sólo quince minutos y, por lo mismo, parece impensable acabar con el recurso tan velozmente como de hecho ocurre en este caso. Ciertamente Pabst no buscan reinventar nada ni ir más allá de la seguridad de un rock con sabor noventero –y no cabe juzgarlos por ello–, pero a futuro les será necesario explorar de alguna forma el terreno en el que se pasean y encaminar su sonido por una vía más sostenible. Pero acá vuelvo a mencionar un aspecto positivo: por lo que Skinwalker permite entrever, la banda tiene las herramientas necesarias para emprender ese desafío y explotar la riqueza que por aquí y por allá destella en este debut. Se trata de una tarea ineludible. -IMF

A Full Cosmic Sound / Ø+yn ‎| 2016 | Split

Drone | Ambient | Experimental
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Este split anónimo reúne a, posiblemente, dos de las bandas más revelantes en la escena experimental latinoamericana actual, cada una con una nutrida y fértil discografía. Por lo anterior, ya en el papel se trata de un álbum prometedor y que, por fortuna y virtud de ambas bandas, sobrevive a cualquier expectativa.
En las dos partes de "Obsidiana" –que constituyen la primera mitad del split–, A Full Cosmic Sound lleva a cabo un ejercicio ambiental bellísimo en que prima un sonido meditativo y melancólico. El gran mérito de la banda es el de haber deconstruido su sonido –siempre experimental e hipnótico– y haberlo llevado a su mínima expresión, a su esencia más primigenia y desnuda. El enfoque minimalista que adoptó AFCS en "Obsidiana" goza de una genialidad evidente y que da cuenta de las distintas rutas que el colectivo santiaguino puede tomar sin riesgo de perderse. Se trata, sin duda, de uno de los puntos más altos de su discografía.
Por su parte, si bien "En cromo" no resulta tan innovador como su contracara vis à vis las expectativas que uno podría tener frente al estilo de Ø+yn, la experimentación sonora en la que el conjunto cordobés se adentra no palidece en el contraste con la primera parte del split. Por el contrario: manteniendo al oyente en el trance en que se halla inmerso, la banda se vale de grabaciones de campo y de una travesía sonora de ribetes tribales y chamánicos para aderezar ese viaje introspectivo con matices psicodélicos y atmósferas que siendo tan primarias como las de A Full Cosmic Sound, se desarrollan en el lenguaje propio de Ø+yn.
En su split, AFCS y Ø+yn lograron simultáneamente cohesión y eclecticismo en un álbum que viene, en suma, a confirmar la relevancia y esplendor de ambos colectivos. Conviene, entonces, escuchar, sumergirse y, simplemente, despegar los pies de la tierra. -IMF

Caudal | 2016 | Let's All Take the Yellow Pills

Space | Post-Rock
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Aidan Baker (guitarra), Gareth Sweeney (bajo) y Felipe Salazar (batería)

Tras el giro inesperado que el EP Murk significó en la discografía de Caudal, cabía preguntarse cuál sería el siguiente paso del trío berlinés. Y es que en dicho trabajo, lanzado el año pasado, la banda se aventuró en terrenos más lúgubres que los de sus álbumes previos, Forever in Another World y Ascension, que estaban teñidos de atmósferas espaciales y un espíritu kraut innegable. Así, si en estos últimos el sonido de Caudal se aproximaba a NEU!, Agitation Free o incluso a Ataxia, el cripticismo de Murk evocaba por momentos al trabajo de Aidan Baker en Nadja.
Let's All Take the Yellow Pills –pronto a ser publicado por Calostro Recordings– disipa las interrogantes sin ambigüedad. Volviendo al post-rock espacial e hipnótico de antes, Caudal parecen haber retomado decididamente el camino del que se habían bifurcado por un instante para experimentar con otras fórmulas. De este modo, la banda emprende sin dubitación una travesía por tres piezas que confirman que Baker, Sweeney y Salazar hablan un lenguaje en común; uno que, por cierto, goza de una originalidad admirable que saltaba ya a la luz en sus lanzamientos previos. Las atmósferas de Let's All Take... se entretejen con paciencia a base de un desarrollo instrumental sutil y siempre regocijador que paulatinamente da forma a paisajes sonoros delicados y ensoñadores que atrapan al oyente en un viaje introspectivo para el que la pulcra honestidad del sonido de Caudal constituye la banda sonora ideal. Otro excelente lanzamiento del trío plurinacional. -IMF