The Units | 1980 | Digital Stimulation

Synth | Art Punk
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Scott Ryser (sintetizador y voz), Rachel Webber (sintetizador y voz), Brad Saunders (batería) y Jim Reynolds (vibráfono en "Tight Fit")
Muchas bandas graban un solo disco, se separan y pasan a la posteridad sin pena ni gloria, dejando detrás de sí un legado difícilmente recordable. Tal vez muchos discrepen con esta idea, porque claramente hay excepciones a la regla. Pero hay que tener presente el sesgo a favor de los ganadores, esto es, el hecho de que recordamos sólo a esas bandas legendarias que con un solo trabajo discográfico lograron enmarcar su nombre en la historia de la música, en desmedro de millares de otros proyectos cuyos frutos quedaron relegados al olvido.
Sin embargo, la línea que en este escenario separa los éxitos de los fracasos es más bien difusa. Para muchos, probablemente The Units sea un nombre desconocido. Digital Stimulation, el único larga duración de esta banda californiana, fue editado en vinilo en 1980 y a la fecha no existen re-ediciones (aunque hace un par de semanas se anunció, por fin, una nueva edición). Pero los hechos no se condicen con lo que se escucha en el álbum. The Units fueron pioneros en el synth punk, y no puede haber mejor representante del género que Digital Stimulation.
El sonido de la placa es muy accesible, lo que a primera escucha puede malinterpretarse como un estilo demasiado sencillo y sin profundidad. Pero a medida que uno se va repitiendo el plato, van apareciendo destellos de colores que antes no se notaban, y en su sencillez, el sonido alcanza una emotividad honda que se manifiesta en cada una de las canciones de componen Digital Stimulation. Lo hermoso del disco es que esa profundidad va de la mano de melodías pegajosas que mantenienen vivo el espíritu del álbum en todo momento: un cariz perfecto de melancolía alegre.
Puede que The Units no hayan alcanzado un lugar ilustre en la historia de la música, pero difícilmente alguien que haya pasado por Digital Stimulation, su único larga duración, podría decir que no merecen ese honor. Es un álbum perfecto. -IMF

Leonard Cohen | 1967 | Songs of Leonard Cohen

Contemporary Folk
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Songs of Leonard Cohen, el debut del músico canadiense, no necesita más que un hombre y su guitarra para alcanzar la perfección. Con un sonido sencillísimo que se vale de unos pocos arreglos adicionales para apoyar las atmósferas, el álbum se sustenta primordialmente en la genialidad de las composiciones de Cohen y la gravedad y dulzura de su voz. Y de verdad que no necesita más que eso.
Songs of Leonard Cohen, en su sencillez, es una hermosa muestra de humanidad y prueba definitiva de que, al final, lo que importa es la expresión honesta y no los adornos que se puedan colgar alrededor. Este álbum es sólo contenido; no hay nada que sobre, como debería ser siempre en la música. Por eso no sorprende que pese a ser lanzado en 1967 -un año lleno de clásicos- sea un disco infantable entre los mejores de la historia. No es exageración. -IMF

Discharge | 1982 | Hear Nothing See Nothing Say Nothing

D-Beat | Hardcore | Crust Punk
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Cal (voz), Bones (guitarra), Rainy (bajo) y Garry Maloney (batería)
Hear Nothing See Nothing Say Nothing es un disco intensísimo. Es un derroche total de energía y rabia, con una velocidad y potencia difícilmente igualables. Discharge no necesitan un gran desarrollo compositivo para lograr canciones que atrapan a la primera escucha, y que más que apuntar al talento técnico en la ejecución, buscan un construir un caos sónico. La batería de Garry Maloney no para, y cada baquetazo es sólido, con decisión, sin cautela, al igual que la guitarra de Bones, que suena afilada en todo momento.
Ahora bien, alguien podría quejarse de la monotonía del sonido, pero la verdad es que la primera escucha puede ser engañosa. Por un lado, claramente el álbum no busca un desarrollo en el margen extensivo, sino que se basa más en la idea de llevar al límite una misma fórmula. Y a eso, por otra parte, hay que sumarle el hecho de que esa fórmula está muy bien desarrollada, y cada pieza, aunque sin escaparse mucho de una línea guía, logra constituirse como una unidad individual, algo que se va descubriendo con cada escucha. Para cerrar, en pocas palabras: intenso, furioso y alienado. -IMF

Yoshitaka Azuma | 1995 | Panzer Dragoon

Video Game | Soundtrack
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Yoshitaka Azuma, Panzer Dragoon Special Orchestra y Koji Haijima (conducción)
Acá no es común la música de videojuegos, pero sí es la música con alma. Panzer Dragoon hoy se ve feo y tosco, pero la pasión por crear algo único persiste. Cuenta una historia abstracta y confusa, donde el protagonista no tiene nombre ni motivación aparente. Pero el juego sí tiene una dirección clara y esa es hacia adelante, siempre. No puede haber cavilaciones y la música refuerza la consigna: debes llegar hasta el final, aunque no sepas que es lo que te espera.
Si en la pantalla vemos confusión, lo que entra por nuestros oídos es firme decisión. Cada canción cuenta con una energía percusiva incesante. Incluso las más tranquilas composiciones orquestales cuentan con una discreta batería militar cuyos compases son el puntapié a la ofensiva permanente.
¿Vale la pena oír la banda sonora por sí sola? Creo que sí. Hay bellas composiciones orquestales que se sostienen por su cuenta, mientras que el grueso del trabajo se mantiene a flote gracias a su permanente ímpetu. Este juego es un rail-shooter (en pocas palabras: el avatar del jugador se mueve sólo a un ritmo preestablecido, por lo que cada nivel tiene una duración fija), así que la experiencia sónica es al menos constante. Y si quedan con la curiosidad y no pueden jugarlo, véanlo en acción; el juego entero dura casi exactamente una hora, lo mismo que esta banda sonora. -PBG

Ornette Coleman | 1966 | The Empty Foxhole

Avant-Garde Jazz
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Ornette Coleman (saxofón alto, trompeta y violín), Charlie Haden (bajo) y Denardo Coleman (batería)
The Empty Foxhole es un álbum caótico en un sentido diferente al que tradicionalmente aplica cuando se habla de Ornette Coleman. Suena descuidado, un poco disparatado, desarmado; la batería de Denardo Coleman -quien tenía sólo 10 años al momento de la grabación del disco- es enérgica y desbordante; su papá, Ornette, se entretiene improvisando, metiendo ruido, melodías más simples que lo habitual (y, como novedad, tocando violín y trompeta); y el gran Charlie Haden (QEPD) da rienda suelta a su walkin' bass, sin parar.
Sin desmerecer al trabajo de Coleman con su legendario cuarteto, el formato trío le da una mayor libertad improvisacional al conjunto, aunque también significa una menor contundencia. Sin embargo, no es contundencia lo que The Empty Foxhole busca, sino espontaneidad y un sonido lúdico, algo que sí consigue.
Tal vez, en este sentido, no es una obra maestra como varios de los discos de Ornette lo son, pero es un álbum lleno de vida, alegre en un sentido pueril. Pueril es, quizá, la palabra más indicada para describirlo. Es, al final, un gran disco, con alma muy propia. -IMF

La STPO | 2006 | Tranches de temps jeté

Avant-Prog
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Jim B (guitarra, voz y otros), Patrice Babin (batería, percusiones y voz), Benoit Delaune (bajo, cello y voz), Christophe Gautheur (saxofón, sintetizador y voz), Pascal Godjikian (voz y didgeridoo) e invitados
La STPO es una banda difícil de reseñar. El camino fácil sería decir que su sonido es extraño, experimental y vanguardista. Pero eso sería contar sólo una parte de la historia. Porque sí, efectivamente la banda no es fácil, su música es oscura y críptica, pero hay mucho más allá de eso, y ahí es cuando transcribir en palabras se vuelve una tarea más desafiante.
Tranches de temps jeté da buena cuenta de, por un lado, esa vocación avant-prog de La STPO, con el espíritu ecléctico y casi esquizofrénico que caracteriza el material de los franceses. Pero también, de un modo más sutil, está lleno de una teatralidad y una solemnidad emotiva admirables. El álbum tiene un hermoso cariz introspectivo, y tanto la prodigiosa sección instrumental de la banda como la voz febril y llena de feeling de Pascal Godjikian contribuyen a construir esta atmósfera que, aunque oscura, está llena de colores.
No es fácil encontrar símiles en su sonido, pero tal vez una referencia razonable sea Un Festín Sagital (de hecho, algunos pasajes de "The Sound of the City Seems Not to Dissapear", el quinto tema del disco, me recordaron por momentos a "La Muerte Loca (Tango Fallido)", de Las Bestias Solares). Y al igual que los chilenos, La STPO logran crear, en base a sus intrincadas pero catárticas disonancias, paisajes sonoros honestos y humanos. Tranches de temps jeté es un disco que cambia con cada escucha, que siempre desenfunda nuevos detalles y prende luces nuevas en lugares que antes estaban a oscuras. Para mí, un imperdible. -IMF

Pocahaunted | 2012 | Geneva Misses

Psychedelic | Dub
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(rip propio)
Debo admitir que de Geneva Misses no esperaba mucho. Después de que Bethany Cosentino dejó Pocahaunted y Amanda Brown re-armó la banda dejando atrás el formato dúo, creí que el sonido seguiría el camino que desde un principio habían seguido Cosentino y Brown, es decir, el sonido drone/experimental con sabor nativo-americano que cultivaba la dupla desde sus primeros lanzamientos en conjunto. Pero no; salió Make It Real, el primer álbum de la reformada banda, y mis expectativas no se cumplieron. Y por lo mismo, creo que nunca pude formarme un juicio lo suficientemente objetivo sobre ese disco.
En 2010 se anunció el fin de Pocahaunted y un tiempo después, en 2012, apareció Geneva Misses, un registro en vivo grabado en Ginebra, Suiza. Cuando vi el tracklist y me fijé en que todos los temas son de Make It Real, me decepcioné un poco, pero ¿cómo no iba a darle una oportunidad al último disco en la corta, pero fructífera trayectoria de Pocahaunted?
Aunque sigo pensando que Make It Real está lejos de ser lo mejor dentro de la discografía de la banda, Geneva Misses es un muy buen álbum en vivo, con versiones de las canciones por lejos -muy lejos- mejores a las de estudio. El dub siempre estuvo presente, en cierta medida, en la trayectoria de la banda (por ejemplo, en Island Diamonds), y en Geneva Misses alcanza su máximo apogeo, sacando, además, la mejor parte del espíritu psicodélico que caracterizó su etapa post-reforma. En otras palabras, se nutre de algunos de los elementos más luminosos de la historia de Pocahaunted y los complementa con la energía de la banda en vivo. En suma, es un excelente cierre para una discografía también llena de álbumes imperdibles. -IMF