The Ganjas | 2014 | Early Demos

Dub | Psychedelic Rock
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Sam Maquieira (guitarra, voz y otros), Pape Astaburuaga (bajo, voz y otros), Aldo Benincasa (batería y maracas),  Comegato Montenegro (guitarra en "Lost Siren") y Luife Saavedra (teclado en "Mystic Horse")
Reseñar este tipo de compilados no es fácil, por la complicación propia de la dualidad entre el fondo y la forma en estos casos. Early Demos reúne, como su nombre lo indica, demos de los primeros días de The Ganjas, grabados entre 1999 y 2001. Y en su condición de demos, estas grabaciones adolecen de una forma que le induciría convulsiones a un audiófilo: si bien la masterización logra darle un sonido más prístino a las canciones (sobre todo a las del lado B del caset), no hace -y pedírselo sería un error- milagros. Así, la forma podría ser un punto en contra en una evaluación rigurosa de Early Demos. Pero en la música la rigurosidad no lo es todo.
¿Qué pasa con el fondo? Al enfocarse en su etapa más temprana, el disco se centra en el espíritu más dub y psicodélico de The Ganjas, dejando algo de lado -nunca del todo- el cariz más shoegazer que comenzó a caracterizar a la banda, particularmente, desde Laydown. Y, en este sentido, el álbum tiene verdaderas joyas. Aunque, como ya se dijo, la fidelidad del audio no es la mejor y varía de una canción a otra, estas grabaciones son registro claro de la calidad que desde un principio manifestó The Ganjas y de la fusión de estilos que hacen tan particular su sonido. Destacan, sobre todo, las versiones de "Lost Siren" y "Pelusón" -esta última acústica-, que ya hacen que este disco valga la pena para los fanáticos.
Ahora bien, ¿qué pasa con los no-fanáticos? Honestamente, es probable que Early Demos no funcione para ellos. Por discutido antes, no es un disco para empezar a escuchar The Ganjas; es más bien una hoja de ruta que guarda el registro de hacia dónde se encaminaba la banda en sus inicios. Por lo mismo, su valor se conmensura sólo cuando ya se tiene una noción de la trayectoria completa del viaje musical de esta gran banda chilena. Pero el valor, ciertamente, está ahí, esperando a ser hallado. -IMF

The Units | 1980 | Digital Stimulation

Synth | Art Punk
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Enlace | mp3 | 192 Kbps

Scott Ryser (sintetizador y voz), Rachel Webber (sintetizador y voz), Brad Saunders (batería) y Jim Reynolds (vibráfono en "Tight Fit")
Muchas bandas graban un solo disco, se separan y pasan a la posteridad sin pena ni gloria, dejando detrás de sí un legado difícilmente recordable. Tal vez muchos discrepen con esta idea, porque claramente hay excepciones a la regla. Pero hay que tener presente el sesgo a favor de los ganadores, esto es, el hecho de que recordamos sólo a esas bandas legendarias que con un solo trabajo discográfico lograron enmarcar su nombre en la historia de la música, en desmedro de millares de otros proyectos cuyos frutos quedaron relegados al olvido.
Sin embargo, la línea que en este escenario separa los éxitos de los fracasos es más bien difusa. Para muchos, probablemente The Units sea un nombre desconocido. Digital Stimulation, el único larga duración de esta banda californiana, fue editado en vinilo en 1980 y a la fecha no existen re-ediciones (aunque hace un par de semanas se anunció, por fin, una nueva edición). Pero los hechos no se condicen con lo que se escucha en el álbum. The Units fueron pioneros en el synth punk, y no puede haber mejor representante del género que Digital Stimulation.
El sonido de la placa es muy accesible, lo que a primera escucha puede malinterpretarse como un estilo demasiado sencillo y sin profundidad. Pero a medida que uno se va repitiendo el plato, van apareciendo destellos de colores que antes no se notaban, y en su sencillez, el sonido alcanza una emotividad honda que se manifiesta en cada una de las canciones de componen Digital Stimulation. Lo hermoso del disco es que esa profundidad va de la mano de melodías pegajosas que mantenienen vivo el espíritu del álbum en todo momento: un cariz perfecto de melancolía alegre.
Puede que The Units no hayan alcanzado un lugar ilustre en la historia de la música, pero difícilmente alguien que haya pasado por Digital Stimulation, su único larga duración, podría decir que no merecen ese honor. Es un álbum perfecto. -IMF

Leonard Cohen | 1967 | Songs of Leonard Cohen

Contemporary Folk
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Enlace | mp3 | 320 Kbps
Songs of Leonard Cohen, el debut del músico canadiense, no necesita más que un hombre y su guitarra para alcanzar la perfección. Con un sonido sencillísimo que se vale de unos pocos arreglos adicionales para apoyar las atmósferas, el álbum se sustenta primordialmente en la genialidad de las composiciones de Cohen y la gravedad y dulzura de su voz. Y de verdad que no necesita más que eso.
Songs of Leonard Cohen, en su sencillez, es una hermosa muestra de humanidad y prueba definitiva de que, al final, lo que importa es la expresión honesta y no los adornos que se puedan colgar alrededor. Este álbum es sólo contenido; no hay nada que sobre, como debería ser siempre en la música. Por eso no sorprende que pese a ser lanzado en 1967 -un año lleno de clásicos- sea un disco infantable entre los mejores de la historia. No es exageración. -IMF

Discharge | 1982 | Hear Nothing See Nothing Say Nothing

D-Beat | Hardcore | Crust Punk
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Cal (voz), Bones (guitarra), Rainy (bajo) y Garry Maloney (batería)
Hear Nothing See Nothing Say Nothing es un disco intensísimo. Es un derroche total de energía y rabia, con una velocidad y potencia difícilmente igualables. Discharge no necesitan un gran desarrollo compositivo para lograr canciones que atrapan a la primera escucha, y que más que apuntar al talento técnico en la ejecución, buscan un construir un caos sónico. La batería de Garry Maloney no para, y cada baquetazo es sólido, con decisión, sin cautela, al igual que la guitarra de Bones, que suena afilada en todo momento.
Ahora bien, alguien podría quejarse de la monotonía del sonido, pero la verdad es que la primera escucha puede ser engañosa. Por un lado, claramente el álbum no busca un desarrollo en el margen extensivo, sino que se basa más en la idea de llevar al límite una misma fórmula. Y a eso, por otra parte, hay que sumarle el hecho de que esa fórmula está muy bien desarrollada, y cada pieza, aunque sin escaparse mucho de una línea guía, logra constituirse como una unidad individual, algo que se va descubriendo con cada escucha. Para cerrar, en pocas palabras: intenso, furioso y alienado. -IMF

Yoshitaka Azuma | 1995 | Panzer Dragoon

Video Game | Soundtrack
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Enlace | mp3 | 192 Kbps

Yoshitaka Azuma, Panzer Dragoon Special Orchestra y Koji Haijima (conducción)
Acá no es común la música de videojuegos, pero sí es la música con alma. Panzer Dragoon hoy se ve feo y tosco, pero la pasión por crear algo único persiste. Cuenta una historia abstracta y confusa, donde el protagonista no tiene nombre ni motivación aparente. Pero el juego sí tiene una dirección clara y esa es hacia adelante, siempre. No puede haber cavilaciones y la música refuerza la consigna: debes llegar hasta el final, aunque no sepas que es lo que te espera.
Si en la pantalla vemos confusión, lo que entra por nuestros oídos es firme decisión. Cada canción cuenta con una energía percusiva incesante. Incluso las más tranquilas composiciones orquestales cuentan con una discreta batería militar cuyos compases son el puntapié a la ofensiva permanente.
¿Vale la pena oír la banda sonora por sí sola? Creo que sí. Hay bellas composiciones orquestales que se sostienen por su cuenta, mientras que el grueso del trabajo se mantiene a flote gracias a su permanente ímpetu. Este juego es un rail-shooter (en pocas palabras: el avatar del jugador se mueve sólo a un ritmo preestablecido, por lo que cada nivel tiene una duración fija), así que la experiencia sónica es al menos constante. Y si quedan con la curiosidad y no pueden jugarlo, véanlo en acción; el juego entero dura casi exactamente una hora, lo mismo que esta banda sonora. -PBG

Ornette Coleman | 1966 | The Empty Foxhole

Avant-Garde Jazz
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Ornette Coleman (saxofón alto, trompeta y violín), Charlie Haden (bajo) y Denardo Coleman (batería)
The Empty Foxhole es un álbum caótico en un sentido diferente al que tradicionalmente aplica cuando se habla de Ornette Coleman. Suena descuidado, un poco disparatado, desarmado; la batería de Denardo Coleman -quien tenía sólo 10 años al momento de la grabación del disco- es enérgica y desbordante; su papá, Ornette, se entretiene improvisando, metiendo ruido, melodías más simples que lo habitual (y, como novedad, tocando violín y trompeta); y el gran Charlie Haden (QEPD) da rienda suelta a su walkin' bass, sin parar.
Sin desmerecer al trabajo de Coleman con su legendario cuarteto, el formato trío le da una mayor libertad improvisacional al conjunto, aunque también significa una menor contundencia. Sin embargo, no es contundencia lo que The Empty Foxhole busca, sino espontaneidad y un sonido lúdico, algo que sí consigue.
Tal vez, en este sentido, no es una obra maestra como varios de los discos de Ornette lo son, pero es un álbum lleno de vida, alegre en un sentido pueril. Pueril es, quizá, la palabra más indicada para describirlo. Es, al final, un gran disco, con alma muy propia. -IMF

La STPO | 2006 | Tranches de temps jeté

Avant-Prog
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Jim B (guitarra, voz y otros), Patrice Babin (batería, percusiones y voz), Benoit Delaune (bajo, cello y voz), Christophe Gautheur (saxofón, sintetizador y voz), Pascal Godjikian (voz y didgeridoo) e invitados
La STPO es una banda difícil de reseñar. El camino fácil sería decir que su sonido es extraño, experimental y vanguardista. Pero eso sería contar sólo una parte de la historia. Porque sí, efectivamente la banda no es fácil, su música es oscura y críptica, pero hay mucho más allá de eso, y ahí es cuando transcribir en palabras se vuelve una tarea más desafiante.
Tranches de temps jeté da buena cuenta de, por un lado, esa vocación avant-prog de La STPO, con el espíritu ecléctico y casi esquizofrénico que caracteriza el material de los franceses. Pero también, de un modo más sutil, está lleno de una teatralidad y una solemnidad emotiva admirables. El álbum tiene un hermoso cariz introspectivo, y tanto la prodigiosa sección instrumental de la banda como la voz febril y llena de feeling de Pascal Godjikian contribuyen a construir esta atmósfera que, aunque oscura, está llena de colores.
No es fácil encontrar símiles en su sonido, pero tal vez una referencia razonable sea Un Festín Sagital (de hecho, algunos pasajes de "The Sound of the City Seems Not to Dissapear", el quinto tema del disco, me recordaron por momentos a "La Muerte Loca (Tango Fallido)", de Las Bestias Solares). Y al igual que los chilenos, La STPO logran crear, en base a sus intrincadas pero catárticas disonancias, paisajes sonoros honestos y humanos. Tranches de temps jeté es un disco que cambia con cada escucha, que siempre desenfunda nuevos detalles y prende luces nuevas en lugares que antes estaban a oscuras. Para mí, un imperdible. -IMF